BOLIWAXO DE BANDOLEIRO EN MALBA

No todo los días uno de los museos más importantes de Latinoamérica sirve de anfitrión de un desfile de moda. Pero en el contexto del MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) todo es posible, más aún si se trata de una colección argentina inspirada en la cultura popular de la región.

Primero fueron las copas de vino, las piezas de arte y las charlas entre el público (la mayoría diseñadores, fotógrafos y estilistas de culto) que se pasearon por el espacio contiguo a Tiendamalba, para ser testigos de una serie de buzos, camperas y remeras con flecos, creados especialmente y como anticipo de la colección Boliwaxo por Bandoleiro.

Le siguió la explanada. Donde, a la luz de una luna tan delgada como una uña, desfilaron los últimos atuendos creados en el imaginario de Gerardo Dubois (artífice de Bandoleiro) y materializados en los cuerpos de amigos-modelos como Luciana Marinissen, alias Laflaka (modelo y diseñadora de accesorios), Santiago Albanell (fotógrafo de moda) y Mariana Schurink (modelo y estilista), que se prestaron a una más de las performances del diseñador.

Inspirado en la cultura boliviana, Dubois (o el argentino que vistió a Björk) profundiza en la investigación de texturas, diseños originarios y plantea una re-lectura innovadora, que en palabras del artista mutidisciplinario Dani Umpi, suenan asi:

“En una de las charlas telefónicas de la película “La Ciénaga” Mercedes Morán comenta que la ropa de Bolivia es muy colorida. Inmediatamente se corrige, agregando “es muy colorinche, no te la podés poner”. Sus ojitos dicen lo contrario. Son los colores que el personaje anhela pero también los colores que están a su alrededor y no puede ver o vestir. No se lo permite.

En otra escena Graciela Borges, con lentes negros y camisón, le suplica a Mercedes “¡Vamos a Bolivia, vamos!”. Un momento ya clásico del cine contemporáneo en el que Bolivia se presenta casi literalmente como un espacio de liberación y aprovisionamiento. Allí Graciela y Mercedes comprarían los útiles escolares para sus hijos. Allí podrían respirar y ser ellas mismas.En las últimas décadas del Río de la Plata, Bolivia ha estado más que presente en la producción artística. Ha sido un espacio exótico, fetichizado, extraterrestre y futurista, del que se han traído suvenires inspiradores. Baratijas y chucherías que pasan a valer el triple no sólo monetaria sino simbólicamente. La desproporción. En su descontextualización naïf o perversa, sin ningún tipo de culpa, los colores, la música, el folclore y la iconografía boliviana han sido una abundante materia prima para producción simbólica y artística, de moda y diversión, de este rincón del mundo. Algo nos hacía creer que estaba lejos y, simultáneamente, que era nuestro.Recuerdo estar en Bolivia y quedar fascinado, embobado, mirando un afiche de gomería en el que una modelo lucía microtanga y taco aguja con telares bolivianos típicos. A su alrededor, los meses del calendario estaban escritos en Comic Sans flúo. Cuando manifesté querer llevarme el afiche, mi amiga boliviana quedó horrorizada porque la sed de exotismo de mi mirada tan obviamente camp había opacado completamente el machismo de la imagen, reduciéndolo a un lugar casi inofensivo.Boliguaxo es un remix de Liniers, es la Bolivia que se infiltra y chupamos en Flores, en La Salada, en las textiles conurbanas convertidas en piezas de art couture, exhibidas en un museo y compradas por coleccionistas. Sale del mismo lugar del que salen los jeans que llevas puestos. Es la Bolivia que respiramos y nos viste, es nuestra Bolivia, somos nosotros. Son los colores y las texturas que elegimos para gritar mejor la furia de hoy o para disfrazar y callar lo que no queremos decir o la nada de nuestros corazones. El bandolero, robinhoodesco, abrasilerado, barroco, tiene mucho de gitano, ni que hablar de rey. La principal característica: el nomadismo, él es su propia geografía. Es un territorio líquido, mercurio. Bolivia, el país que sin litoral marítimo es un puerto al que todos quieren llegar, saquear.Action paiting. Intervención absoluta de todos los materiales con pinturas, metales, cadenas, broches, botones, piedras, apliques, flecos y pompones. El awayo, la puntilla y la turba. Mantelería, cubrecamas, toallones, cortinas, hule, gabardinas y ropa deportiva. Es mi capa que me cubre de la lluvia la misma que me hace ser el centro de miradas en una fiesta. La toalla que me seca es mi vestido de fiesta y mi escudo de guerrero.Bandoleiro es mi street wear no porque sea la ropa que elijo para salir a la calle sino porque es la calle la que me viste. Es la Bolivia que tengo a mano y quiero usar, que me puedo poner, que me conecta con lo que soy y lo que quiero ser. Siempre nuevo y efervescente, asumiendo mi mirada y las calles que elijo caminar”.

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